Será catalunya la partera de la historia pos moderna?


Esta entrada no estaba planeada, pues este blog lo he querido dedicar de alguna manera a reflexionar más allá de los problemas políticos del día a día, centrándome en lo que son mis principales inquietudes desde las ciencias políticas y la forma en la cual las identidades políticas se han formado a lo largo de la Historia.

Sin embargo, como lo señala Hobsbawm, la Historia no es algo que pertenezca exclusivamente a un pasado muerto, pues se escribe todos los días y por lo tanto ayer ya es Historia y (añado yo) cada minuto muerto es la historia en transición.

Como huésped en Barcelona pretendo ser neutral en la encarnizada lucha política que se libra sobre el futuro de Cataluña; sin embargo pronto mi esposa y yo tendremos una hija y es su identidad misma la que se está jugando en estos momentos, pues no estoy aún seguro si mi hija será catalana, colombiana y además tendrá ciudadanía española, o simplemente (qué raro llamar simple a algo que incorpora la ciudadanía de dos Estados, dos idiomas y en la práctica dos mundos parecidos pero diferentes) catalana y colombiana.

Por ello, creo necesario hacer una reflexión acerca de los acontecimientos de los últimos días, sin olvidar que no es un ejercicio de futorología, pues como quiera que estoy convencido que la historia es contingente y no necesaria,  no creo que se pueda deducir lógicamente el resultado final del envite planteado por los independentistas catalanes; pues la lucha está en pleno auge y aunque en principio la correlación de fuerzas favorece al Estado Español, éste cuenta con una serie de condicionamientos que no le permiten desplegar todo su poder, condicionamientos que han permitido que la situación haya llegado hasta el borde de una declaración unilateral de independencia.

Con esta aclaración quiero empezar por decir que quienes no estudian Derecho, y aún muchos que lo estudian, siguen ignorando que el Derecho no es un cuerpo desligado de la política, aunque está parcialmente autonomizado en tanto sus lógicas no corresponden a las necesidades políticas del día a día.

No en vano Andre Hauriou definió el Derecho constitucional como el encuadramiento jurídico de los fenómenos políticos, algo que tiene un mayor impacto de lo que a simple vista parece; pues en tanto el Derecho constitucional es la columna vertebral del Derecho moderno, en la práctica está definiendo el Derecho como un fenómeno jurídico contaminado por la política como presupuesto vertebrador de las relaciones al interior de una sociedad moderna.

Por lo tanto, quienes se quejan que Rajoy se esconde detrás de la Justicia para no dar soluciones políticas al problema del independentismo catalán se equivocan gravemente por desconocimiento, pues realmente está dando una respuesta política de alto calado: no acepta ninguna solución (ni tan siquiera un diálogo que no suponga un sometimiento al Estado de Derecho, lo cual supone su apego a los pactos políticos surgidos de la transición hacia la democracia producto de la ruptura del régimen franquista que llevó a España a ser una de las democracias occidentales más avanzadas y con una descentralización autonómica poco vista en otros países del mundo  y por lo tanto una declaración política inamovible: España seguirá siendo en esencia la misma así no guste al resto del arco político, siendo necesario, en mor de la exactitud histórica, señalar que la definición que de España tiene la Constitución de 1978 contó con el beneplácito de todo el espectro político, incluidos los partidos nacionalistas en general, y los catalanes en particular.

Esta posición parte de la premisa, descrita muy acertadamente por Norberto Bobbio, de que la legalidad y la legitimidad son dos caras de la misma moneda, y que por lo tanto el estricto apego a la legalidad garantiza la legitimidad de su actuación.

Esta posición le ha permitido mantener el control de la situación de cara a Europa y el resto del Mundo, pues a pesar de que en algunos círculos de Cataluña se quiere creer que existe un apoyo internacional fuerte, la verdad es que todos los gobiernos se han plegado al relato español y ninguno ha reconocido la validez de la vía independentista en que está sumergida la mitad de la población catalana.

Ahí la claridad de Rajoy supera la confusión de la mayor parte de los partidos independentistas (salvo la Candidatura de Unidad Popular conocida como CUP) pues tanto Esquerra Republicana de Catalunya conocida como ERC (significa izquierda republicana de Cataluña) y el Partit Demòcrata de Catalunya (antes conocido como CDC y significa Partido Demócrata de Cataluña) siguen intentando sostener la legitimidad del proceso al intentar construir un relato de legalidad que supone que ésta emana de un mandato popular que se arrogan.

Y es una confusión extraordinaria porque simplemente niega los principios básicos de la estructuración de los sistemas jurídicos contemporáneos en general, y en especial de los regímenes constitucionalistas surgidos a raíz del trauma NAZI como mecanismo de control a poblaciones con tentaciones autoritarias. 
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Por lo tanto, desconocer las decisiones del Tribunal Constitucional Español es un paso lógico en el esfuerzo independentista pero supone ponerse fuera de la legalidad (y por tanto de la legitimidad) propia de los países de la Unión Europea; problema que la CUP asumió desde el principio y por lo tanto ha intentado invertir la lógica que gobierna el comportamiento del Gobierno Español y ha acentuado la legitimidad democrática del proceso independentista.

Ese paso de la CUP se arropa en la tradición más revolucionaria de la construcción de Estados independientes, pues es evidente que cuando una región decide iniciar un proceso independentista debe asumir la ruptura de la legalidad del Estado del que se independiza y construir un relato que legitime ese proceso insurreccional como un hecho único que permite fundar una nueva legalidad que re elabore los procesos hegemónicos y excluya los factores de poder vencidos y que representan al Estado originario.

Sin embargo, lo que sí es realmente nuevo es que dicho proceso se ha intentado construir sin contar con un brazo armado capaz de derrotar las fuerzas armadas españolas, y de someter a la población  catalana afecta al estado español, que según las cuentas superan el 50%.  Esta característica no solo es una decisión filosófica de la CUP (recientemente adoptada por todo el arco independentista), sino que es una decisión estratégica porque la constitución de un cuerpo armado de corte militar al servicio de la independencia de Cataluña llevaría inevitablemente a combates con los aparatos armados españoles, los cuales no solo llevan una inmensa ventaja material, sino que dan al gobierno español la oportunidad de revivir el fantasma de ETA y de Terra Lliure (grupo terrorista catalán desaparecido).

Así las cosas, en la práctica las decisiones del Govern catalán y del Parlament autonómico carecen de la capacidad de imponerse y por lo tanto fían su obediencia a la pura voluntad de los ciudadanos catalanes (y del resto de españoles y extranjeros en Cataluña), confiando en que las articulaciones hegemónicas vigentes en dicha región son tan fuertes que no requieren la amenaza del uso de la fuerza para mantenerse.

Esto es contrario a toda la tradición jurídica occidental, pues en el fondo las articulaciones hegemónicas que han gobernado las diferentes sociedades europeas (y las derivadas de sus procesos de conquista y colonización) no han sido suficientes para sostener los sistemas de poder vigentes en ninguna época de la Historia, y por ello todos los países han contado con aparatos armados y con aparatos policiales con capacidades de espionaje brutalmente eficientes.

Por lo tanto, lo que pasa en Catalunya puede marcar el fin de una época de transición que siempre he sospechado inconclusa, pues occidente pasó de las sociedades medievales plenamente militarizadas a sociedades fundamentalmente civiles pero que siguen contando con aparatos armados fortísimos que no solo se explican por las necesidades de defensa exterior, sino por la necesidad de reprimir permanentemente a la población inconforme, proceso iniciado de manera tardía en España, pues solo hasta la caída del régimen franquista se pudo iniciar ese proceso que ha finalizado recientemente con el repudio casi unánime (incluso entre los partidos de izquierda del País Vasco) de ETA y por extensión del terrorismo como mecanismo de imposición de las decisiones políticas al interior de las sociedades democráticas.


Quisiera terminar diciendo que la conformación de una articulación hegemónica que no requiere del uso de la fuerza es el sueño que subyace a toda la filosofía determinista occidental, pues ello supondría el cierre político de las sociedades, su absoluta estabilidad y en la práctica la liquidación de la historia como proceso de transformación de las sociedades... y aún no me decido si eso es una pesadilla o un nirvana.

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