Caos imperial: nueva forma de dominacion en el siglo XXI

En la actualidad somos poco conscientes que el monopolio de la fuerza en manos del estado es un logro extraordinario en el proceso de centralización y fortalecimiento de los estados nación surgidos después de la revolución francesa.

Sí bien es cierto que en términos generales los reinos e imperios anteriores contaban con ejércitos disciplinados para imponerse brutalmente, también lo es que no eran capaces de limitar de manera eficiente el uso de armas por parte de los habitantes, quienes además estaban obligados a usarlas porque estas formas estatales no contaban en general con aparatos policiales fuertes y por tanto, en gran medida la defensa de los bienes y honra de los grupos familiares ante rencillas privadas o ante factores de inseguridad, era responsabilidad exclusiva de cada uno.

Esto garantizaba que los levantamientos armados que se presentaban de cuando en cuando resultasen particularmente violentos, pues no existía un problema que hoy es fundamental para los opositores a los gobiernos actuales: el establecimiento de redes de suministros militares que cuentan con tecnología especializada y deben ser producidas en masa, lo cual supone una potencia industrial y un control territorial suficiente.

En definitiva, la única limitación real era el acceso a los recursos económicos necesarios para financiar el levantamiento.

Esto es verdad aún en la época de los ejércitos griegos y romanos, que contaban con infanterías pesadas y costosas de mantener; no solo porque los ciudadanos eran formados como soldados, sino porque la tecnología incorporada en las armas era relativamente sencilla y en la práctica no existía un abismo tan grande entre los herreros civiles y los militares, y por lo tanto fácilmente los primeros podían hacer armas de todo tipo.

El proceso de consolidación de los estados contemporáneos surgidos de la revolución francesa no fue inmediato por supuesto, y por ello la centralización del uso de la fuerza no se dio de manera automática en todo el mundo, e incluso este proceso se puede considerar inacabado en partes del mundo Latinoamérica y  África e incluso en los Estados Unidos, aunque en este país el uso relativamente indiscriminado de armas que cuentan incluso con tecnologías complejas no es producto de la debilidad estatal sino de una decisión política y jurídica que considera el acceso a armamento como un derecho protegido constitucionalmente.

Por supuesto, podría sostenerse que las potencias coloniales contaban con la misma capacidad sobre las masas de las regiones del mundo descolonizadas de manera más o menos voluntaria, sobre todo a partir de la mitad del siglo XX; pero la liberación de las colonias africanas y asiáticas fue más bien producto de un proceso expertamente descrito por Hannah Arendt en su obra Imperialismo, pues el mantenimiento de esas colonias requería necesariamente una serie de brutalidades y matanzas administrativas que no solo estaban por fuera de la ley de las democracias occidentales, sino que no serían fácilmente aceptadas por las opiniones públicas de dichos países.

Esta no es solo una reflexión teórica, pues se hace necesario recordar que este fue el proceso que determinó la catástrofe norteamericana en Vietnam; pues a pesar que el ejército estadounidense nunca fue vencido y que la ofensiva del Tet (último esfuerzo del Vietcong para ganar la guerra) fue un fracaso por parte de los insurrectos al no alcanzar ninguno de los objetivos militares fijados, Estados Unidos perdió la guerra.

Y no la perdió realmente en Vietnam sino en Estados Unidos, donde la presión política y social desatada por la prensa libre al denunciar abiertamente las brutalidades cometidas por las fuerzas armadas norteamericanas quebró la voluntad de lucha del pueblo americano y produjo un terremoto político que permitió el retiro de las tropas con todo lo que eso significa para una gran potencia mundial.

Estos dos hechos combinados establecieron el único espacio en el cual pueden ser vencidos los Estados democráticos modernos, generando lo que se ha denominado como guerra asimétricas, donde la diferencia de poder entre los bandos combatientes es tan inmensa que los insurrectos buscan mecanismos militares capaces de causar grandes daños con la finalidad de desgastar la voluntad política del estado y conseguir una victoria por abandono. Dicho de otra manera, buscan derrotar al estado políticamente y no militarmente.

Este proceso ha sido debidamente contestado por el Estado con dos instrumentos a cual más desgastante desde la óptica democrática: la promulgación de legislación de excepción que legaliza las brutalidades estatales, o la adopción de mecanismos de guerra sucia estatal que básicamente consisten en técnicas ilegales y muy brutales de sometimiento no solo de los enemigos sino también de las poblaciones que los apoyan e incluso aquellas que dudan si apoyarlas o no, todo dentro de una lógica de amigo - enemigo que tiene un imposible encaje en la democracia y nos acerca más bien al homo sacer de agamben.

 Sin embargo, estos instrumentos pierden de vista que en últimas la guerra asimétrica es una guerra política y el uso indiscriminado de los dos instrumentos descritos realmente fortalece la posición política de los insurrectos, pues tanto si se hace legalmente con una legislación especial como de manera ilegal a través de la guerra sucia, termina por generar un efecto rechazo en general entre la sociedad en general, pero en especial ante las clases medias y altas más educadas, las que finalmente son las que ejecutan en su mayor parte las acciones estatales a través de los extensos aparatos burocráticos  con que cuenta el estado.

El ejemplo perfecto de las limitaciones de dichos instrumentos se encuentra en la historia reciente de los países del cono sur de América Latina, donde el uso brutal de la guerra sucia estatal por parte de las dictaduras militares conllevó una reacción de la sociedad de tal intensidad que no solo derribó las dictaduras sino que enjuicio a sus principales responsables y ha hecho imposible, en la práctica, el uso de dichas herramientas en la lucha política diaria.

Otro instrumento usado ampliamente por los Estados actuales son la financiación, armado y aprovisionamiento de movimientos armados irregulares que luchan directamente contra los resistentes (como la contra nicaragüense. Los paramilitares colombianos y los muhaydin) o que les disputan la base social (como la financiación de Hamas por parte de Israel y el relativo poco ataque militar a las guerrillas colombianas marginales) a los mismos.

Sin embargo, no es lo mismo el mantenimiento, aprovisionamiento y financiación de aparatajes armados mercenarios o que luchan por la imposición de valores sociales y políticos alineados con los intereses de los financiadores, como el caso de la contra nicaragüense o muchos movimientos armados cristianos en el África subsahariana, que hacer lo mismo con movimientos anti occidentales como hamas en palestina o los muhaydin en el Afganistán.

En este último caso, lo que se presenta es una confluencia temporal de intereses que potencia los resultados de ambas partes pero que no esconde que una vez conseguidos los objetivos políticos comunes cada uno reanuda su agenda: así, los muhaydin derrotaron a los Soviéticos en Afganistán y a continuación usaron toda la financiación, entrenamiento y aprovisionamiento para fundar repúblicas islamistas y luchar contra los Estados Unidos e Israel.

En el caso de Hamas, una vez socavada la base popular de la OLP se alejó de sus financiadores y se convirtió en la punta de lanza de la lucha contra la ocupación israelí de palestina, con una virulencia renovada, con todos los costos económicos y humanos que ello ha acarreado a Israel.

Por ello, creo que estos países han evolucionado su concepto de guerra asimétrica financiada por ellos, y ya no están interesados en que sus pupilos ganen las guerras que inician.

Realmente lo que quieren es crear un caos tremendo en los países atacados para alivianar la presión contra sus intereses, permitiendo al mismo tiempo un empate brutal que desgasta la potencia militar, económica y social de sus países enemigos.

Es en este sentido que creo que deben analizarse la guerra librada en Siria en la actualidad, pues es evidente que tanto Israel como Estados Unidos tienen la fuerza suficiente y cuentan con armamento de última tecnología suficiente para enfrentar la fuerza militar Siria e incluso la Rusa (con reminiscencias obvias de la guerra en Afganistán), debiéndose preguntar porque no se armó con suficiencia al DAESH y/o a los otros movimientos armados anti Assad.

Para ello, es necesario tener en cuenta que la existencia del DAESH ha significado un gran alivio para Israel (y por tanto para la estrategia de EEUU en Oriente Medio), país que en el 2006 recibió su primera derrota militar en el Líbano; pues más allá de la propaganda, lo cierto es que no logró los objetivos perseguidos, fortaleció a Hezbollah, tuvo que retirarse con una gran cantidad de bajas y por primera vez en su historia se encontró con que sus soldados no estaban lo suficientemente preparados para afrontar una guerra contra un enemigo aguerrido y con un espíritu combativo alto.

Esta derrota supuso la existencia de un enemigo armado y poderoso en las fronteras de Israel, el cual contaba no solo con la financiación de Irán sino con un apoyo directo de Siria; algo especialmente peligroso para Israel en tanto eso suponía contar en su frontera norte con un enemigo que, por primera vez, estaba en capacidad de plantarle cara y derrotar a sus unidades de élite y que además podría contar con las condiciones económicas y materiales para sostener un esfuerzo de guerra de largo aliento.

Ahora bien, como evitarlo? como retrasar la formación de una entente potente que pusiese en riesgo la seguridad de Israel? para ello era necesario involucrar en una guerra tanto a Hezbollah como a Siria, una guerra de desgaste donde (al menos por un tiempo, mientras se rehacía el aparato militar israelí) al final no hubiese ganadores sino combatientes exhaustos. En definitiva, una guerra larga y dolorosa en términos militares y humanos

Así, parece evidente que tanto Israel como Estados Unidos recurrieron a dos grupos armados diferentes, el DAESH que fue un grupo nacido en el Irak con vocación panárabe y que curiosamente surgió ante el fortalecimiento de la mayoría chiita en dicho país y su acercamiento a Irán; y por el otro un llamado Ejército Sirio Libre, que no son más que los antiguos grupos árabes fundamentalistas que han sido usados permanentemente por Estados Unidos en todo el oriente medio, y que responden más o menos directamente a Arabia Saudita.

Al parecer, a los primeros no se le dio un apoyo directo sino más bien se le dejó hacer, se le armó indirectamente y se permitió que se enseñoreara de grandes trozos de Irak y de Siria retirando el ejército iraquí de amplias zonas kurdas y yazidies, las cuales no eran prioridad para el gobierno chiita iraquí.

Al mismo tiempo, de una manera más directa armaron y entrenaron a antiguos grupos sirios disidentes, entre los cuales hay una mezcla bastante compleja, pues se incluyen violentos yihaidistas de Al Nusra, sectores rebeldes de las fuerzas armadas sirias, otros muyahidines y bastantes más mercenarios, que se organizaron bajo el nombre de Ejercito Libre Sirio y que han combatido tanto al Ejercito Árabe Sirio (Ejercito Oficial) como al DAESH con la finalidad de imponer un gobierno alternativo.

Sin embargo, y es esto lo que me parece que ha incorporado un elemento diferenciador en el proceso de injerencia Americano - Israelí en los países árabes, y es que no lo dotaron con el suficiente armamento para vencerlo, ni de armas anti aéreas ni de cobertura aérea suficiente para derrotar al ejército Sirio; así mismo no tomaron ninguna medida adicional para afrontar la injerencia Iraní, Libanesa (Hezbollah) y Rusa en el conflicto.

Más bien, lo que hicieron fue establecer una serie de compromisos con los Rusos, los turcos y los kurdos que han permitido prologar el conflicto en Siria, de tal manera que han intentado (y hasta cierto punto logrado) que el apoyo de Rusia se use solo contra el DAESH, que los Kurdos hayan tomado amplias porciones del territorio Sirio y que Turquía ingresase en territorios Sirios con el pretexto de proteger el santuario de Solimán Schah (enclave turco en Siria).

Aquí es necesario señalar que los intereses de estos tres actores difieren en gran medida: Los Rusos siguen un tradicional apoyo al gobierno de Assad a Siria que, además, les garantiza acceso al Mediterráneo a través de la base naval de Tartus; los kurdos tienen aspiraciones históricas de contar con un Estado propio en territorios de Turquía, Irán, Irak y Siria y los Turcos se han posicionado en contra de la continuidad de Assad en el Poder en Siria.

Estos intereses contrapuestos, la existencia de milicias propias en manos de los kurdos, el apoyo no disimulado de parte de Turquía a los mercenarios del Ejercito Libre Sirio, la presencia Rusa en suelo Sirio y además los ocasionales bombardeos americanos han contribuido a mantener una guerra civil que entra en su séptimo año.

Esto sin contar que el apoyo de Estados Unidos a los kurdos ha desencadenado una invasión turca contra Afrin y que amenaza con ampliarse a toda la región fronteriza turco siria, pues existen rumores insistentes que la finalidad de Turquía es enlazar las zonas kurdas de Siria con las de Irak con el pretexto de evitar el nacimiento de un estado Kurdo que amenace sus provincias orientales; objetivo factible pero que acerca a Turquía a un conflicto interregional con Siria y con el Irak (hay que recordar que los dos países cuentan hoy con poderosos ejércitos triunfantes, fuertemente armados y entrenados por Rusos y Americanos respectivamente).

Así las cosas, sí bien es cierto que este año podemos asistir al fin de la Guerra Civil Siria, también lo es que es posible que nos acerquemos a una brutal guerra convencional que enfrente a Turquía con Irán (a través de las unidades militares de la Guardia Republicana que apoyan a Assad y al Gobierno Iraquí), Siria, Irak y Hezbollah; siendo una incógnita la posición de Rusia pues conserva buenas relaciones tanto con Ankara como con Damasco y Teherán.

Es evidente entonces, que en el mejor de los casos el caos instalado en Siria e Irak habrá durado 7 años y en el peor de los casos podría durar algunos años mas; lo cual garantiza una Siria debilitada por varias generaciones, una frontera norte de Israel que goza de la mayor tranquilidad en su historia y una posible reconfiguración del mapa político del oriente medio

Evidentemente la situación de Siria y su desenlace está lejos de ser una victoria para los Estados Unidos si se aplican los estándares usuales para ello, pero no se puede negar que han conseguido su objetivo: destruir cualquier riesgo en el norte de Israel de una guerra, detenido el proceso de expansión de la influencia Iraní desencadenada por la caída de Saddam Hussein y un enfrentamiento diario y prácticamente directo entre Irán y Turquía... objetivos que no son nada despreciables y que garantizan el Status Quo en Oriente medio desde la óptica de Israel.


El caos, entonces, ya no es la medida del fracaso de la política imperial sino un nuevo instrumento usado por este para imponer sus diktats de manera brutal, con costos humanos altísimos pero sin involucrar directamente a los soldados imperiales… demostrándose que en tratándose de maldad, el mundo está lejos de tocar fondo 








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