ficción y política

Las relaciones entre las artes cinematográficas y la política son sutiles, poco exploradas y conocidas nada más en sus facetas más obvias que estallan cuando algún actor se convierte en político o mantiene una relación sentimental con uno. Sin embargo, ese es el aspecto menos importante de sus profundas y complejas relaciones, pues realmente reflejan el estado de ánimo de una sociedad. 

Si, la literatura también y en general el arte lo hacen, pero en la medida en que el cine, la televisión y ahora las series por streaming se producen en poco tiempo para satisfacer una demanda creciente de diversión, reflejan muy bien las tendencias y cambios de corto plazo. 

Ejemplos hay muchos, como la diferencia que existe entre el Batman de los 90 y el de Cristian Bale, pues mientras el primero reflejaba el estado de ánimo festivo en EEUU por la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, el de Bale refleja la incertidumbre derivada del ataque a las torres gemelas y la creciente desconfianza hacia un estado que se percibe más como un obstáculo que como un amigo; sin embago, para este post me parece mucho más interesante ver la evolución en las series y películas de Star Trek, pues mantienen un hilo conductor en el tiempo y sin embargo reflejan los cambios de una manera asombrosa.

Originalmente Star Trek es una serie que refleja las condiciones en que se desarrolló la guerra fría desde la perspectiva norteamericana, dejando ver además, en el carácter mismo de la US Enterprise, esa dicotomia entre sociedad civil y militarismo propia de una democracia que lucha por la hegemonía mundial en una lucha que debido a la existencia de armas nucleares tácticas y estratégicas no fue solamente militar sino política, cultural, tecnológica y de propaganda.

Y procura resolver este conflicto de la misma manera que lo pretendió hacer la sociedad norteamericana posterior a la Segunda Guerra Mundial: con un respeto absoluto a las normas fijadas por el estado que reflejan el pluralismo político propias de la democracia y que por lo tanto se fijan de manera consensuada por parte de todos los estamentos sociales y sus representantes; a pesar de que a lo largo de la serie se hacen interpretaciones algo cuestionables sobre el alcance de las normas que este fija, como una manera de reflejar la compleja flexibilidad del sistema jurídico americano que se guía por el principio de realidad y que permite incorporar nuevas realidades a través de la jurisprudencia como mecanismo modelador, expansor y modulador de las normas.

Estas características están presentes en todas y cada una de las aventuras de las series originales, y se traslada a las películas como uno de sus aspectos centrales en las tramas. Y ese respeto da resultado, los oficiales son regularmente ascendidos y premiados. Incluso, en Star Trek Insurrección se mantiene de manera más compleja dicha interacción, pues si bien es cierto la tripulación se rebela contra las órdenes del alto mando, lo hace porque este último está incumpliendo la primera directiva (que tienen el carácter de constitución). Es decir, no se rebelan contra el estado sino que lo defienden contra un alto mando corrupto.

Está película, de 1998, que mantiene esa característica de respeto a las normas, empieza a dejar algo que contaminará de ahí en adelante a todos los contenidos audiovisuales de la franquicia: una profunda desconfianza a quienes ejercen el poder, y la ruptura de la lealtad requerida para proteger a la sociedad de los poderosos, que empiezan a convertirse en parte del enemigo al subvertir el estado que debe proteger a todos

En pocos años, en el 2009, llega el reboot. Y la franquicia es sociológicamente diferente. Ya el protagonista no es parte de una élite cuidadosamente preparada, que es el primero en su clase, el más disciplinado y considerado el mejor de todos los oficiales, razón por la cual se le entrega la joya de la corona de la flota interestelar, para que desarrolle la que se considera la misión más delicada e importante de todas. 

No, es un rebelde sin causa que llega a la flota estelar casi por accidente y que acostumbra saltarse todas las normas (incluso trampeando los exámenes para poder aprobarlos) si lo cree preciso en nombre de su conciencia y de lo que percibe como sus mejores intereses. 

Si, en las originales también había un conflicto similar, pero mientras en las originales Kirk e incluso Picard buscaban la manera de conciliar su consciencia y la norma, llevando generalmente a una solución que amplía la interpretación de las normas en el sentido de sus preocupaciones, aquí directamente obvia la norma para cumplir con su consciencia... Y siempre gana.

Hay un contrapeso en Spock, pues su lado racional lo hace amante y fiel cumplidor de la norma. Pero... Spock reconoce en eso una limitación (a regañadientes, si, pero lo reconoce) y por eso se considera el segundo al mando perfecto y no el capitán por su apego estricto a las normas. 

Finalmente, esta evolución está completa en Picard. Es una ruptura completa con la institucionalidad, pues ya no es una misión oficial sino una misión en contra de la opinión de la federación, quien no solo rehúsa apoyarla sino que se hace cómplice (sino responsable directo, aún no es claro) de un intento de asesinato de quién fue uno de sus héroes más grandes. 

Este proceso calca la evolución de las relaciones políticas entre la sociedad y el estado en occidente, y su culmen en Picard con un estado que ya ni siquiera respeta a sus antiguos héroes refleja la profunda crisis hegemónica a la que se enfrenta occidente.

Un crisis derivada de la conciencia de las clases medias que el Estado se encuentra de alguna manera secuestrado por camarillas políticas que han subvertido la función principal del mismo y lo han convertido en un instrumento ciego a favor de sus intereses mezquinos.

sin importar que tan acertada es esta visión, su inscripción en las pantallas y en las series que dominan la diversión en una sociedad de masas permite una expansión del mensaje con el consiguiente debilitamiento de los mecanismos informales de disciplinarización del poder que, cada vez mas, se ve obligado a recurrir a los mecanismos extraordinarios de imposición de su poder con la consabida auto afirmación de la impresión inicial que genera una crisis circular de consecuencias imprevisibles.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

CRISIS AMBIENTAL Y POLITICA: UN NUEVO MUNDO MÁS SINIESTRO NOS ESPERA

Será catalunya la partera de la historia pos moderna?

a modo de inicio